Jorge Garnica, en la Galería Sicardi-Sanders, Houston, Texas

por Donald Calledare

Actualmente Jorge Garnica expone en la galería Sicardi-Sanders dos series de obras que se entrecruzan. Tituladas Natural y Humus, la primera, reflexiona el artista, aparece del encuentro de memorias de la infancia y elementos de la estética contemporánea donde confluye la influencia de los medios masivos de comunicación (teniendo como fondo la presencia de la televisión, el cine, carteles, etc.). La segunda, Humus (tierra fértil),una metáfora que corresponde al encuentro de lo humano con lo técnico, donde lo "humus" se convierte en cultural, en un ejercicio de la memoria. El objetivo es crear ejercicios evocativos sobre los que uno pudiera continuar escribiendo, por ejemplo, como en la pantalla de la computadora personal, extensión ya del cuerpo humano. Los reinos así compuestos indican una procesión de veladuras o capas abiertas a la interpretación, como si fueran el paraje donde desembocan identidades y mundos, lo real y lo imaginario.

Al principio, las pinturas de Garnica aparecen como pieles de anfibios, portales que dan paso a un reino orgánico de ricas texturas, habitado por intrincados jeroglíficos, lenguajes cuneiformes. Los mundos miniatura de virus y bacterias son trazados en un lenguaje humano y simbólico en tanto emerge un tercer mundo sintético y sinergético. Este tercer mundo, de acuerdo con Jorge Glusberg, corresponde a nuestro tercer mundo aquí en las Américas, donde las culturas latinas (hispana y portuguesa) no son ni puramente indígenas ni puramente europeas, sino distintas, híbridas y, al igual que los anfibios, poseedoras tanto del agua como de la tierra.

Los lenguajes y sub-lenguajes simbólicos de Garnica se distinguen por sus colores y patrones, unas veces dibujados sobre el fondo para sobresalir, y otras transparentes; asimismo son reconocidos por su similitud con los ampliamente conocidos, aunque abstractos, símbolos geométricos. Ellos pasan de ser formas orgánicas que asemejan insectos punzantes para convertirse en líneas puramente geométricas. Así, introducen a la vez una veladura y un paradigma adicional para la interpretación de las posibilidades de la forma en el nivel de elementos estructuralmente lineales. Como ejemplo en el nivel de la letra, el símbolo singular, se crean fronteras que no necesariamente dividen, sino informan, que no separan, sino unifican. Estos lenguajes son nuevamente organizados en senderos, en tallos florales suspendidos en canales fluidos. Los símbolos se incorporan en formas más grandes; el lenguaje es tratado como forma pura, aunque a su vez esta repleto de información en su propio sistema celular. La pintura de lo que parecieran ser capelos o coronas, rodeadas de polen y esporos en ciertos puntos de los tallos, subraya la intrusión de estos senderos del lenguaje en un fondo áspero y por lo general táctil. Rastros de un movimiento representado por puntos y círculos, acentúan veredas creadas por las criaturas vivas que habitando estos mundos viajan a través del lienzo, no muy distinto de la manera en la que las palabras recorren la página para formar significado.

Como superficies comunes dentro de lo imaginario, dentro de espacios pre-formales, estas pinturas se convierten en insinuaciones de lo que nuestras propias lenguas podrían haber sido si hubiésemos tomado un rumbo estructural y visual distinto de aquél que hemos adoptado en nuestros alfabetos. Mas sin embargo, este es uno de nuestros lenguajes, creativo, regenerativo por sí mismo, cerrado aunque a la vez se expande, cuidadosamente calibrado y al mismo tiempo intuitivo, continuo. Esta es la intersección de numerosos alfabetos, orgánicos e inorgánicos, donde dibujos imaginarios, abstractos y científicos se superimponen e integran en el molde ejecutado para crear un universo alternativo y paralelo que opera de acuerdo con leyes completamente distintas. Leyes que son entonces subordinadas al quehacer estético como parte del proceso de la pintura.

En la intersección de este tipo de quehacer uno cuestionaría esa nueva superficie donde convergen lo estético y lo artificial, descubriendo que es difícil escapar verdaderamente de la belleza.

¿Y si uno lograra escapar de la belleza para entrar en el mundo de lo decorativo, qué significados serían sacrificados en nombre de la apariencia? ¿Si la belleza fuera un ingrediente tangible, un reino realizable, qué hallazgo regresaría siempre como fuente o destino, como tela estructural y al mismo tiempo como producto visible? Así pues, no parecerá un accidente el que la mayoría de estas obras sean también habitadas por dominantes diseños que semejan ojos sesgados en forma perpendicular y no horizontal como el ojo humano, el más perfecto de los diseños que cuidadosamente se esconde a sí mismo, siempre debiendo allanar para ser visto mientras mira.

"Artlie" magazine, Houston, Julio de 1997.