La Cultura de lo Surreal

por Jorge Glusberg

Ha dicho Jorge Garnica (n.1956) que las obras de su serie Estudios apócrifos, presentadas en 1994, querían aportar al debate acerca de "nuestra identidad regional"; por medio de una "iconografía vinculada, de manera cierta, con las realidades de la América latina". En cuanto a ese aporte, agregaba, había sido elaborado "desde la experiencia y la reflexión personales". El debate sobre las identidades es tan antiguo como la filosofía, que desde sus comienzos separa dos modos, opuestos y a la vez complementarios: la identidad metafísica y la identidad lógica. Aristóteles dio, de la primera, una definición que puede servirnos en el caso de la serie de Garnica, al sostener que se trata de "la unidad de una multiplicidad de seres". Pero nuestro artista no aspira a la metafísica ni a la lógica: su enfoque es cultural y se circunscribe a un ámbito geopolítico y geohistórico, el iberoamericano. En todo caso, en el territorio de la metafísica como en el de la cultura, "identidad" y "realidad" son dos polos inescindibles, lo cual no supone tomarlos por conceptos equivalentes o sinónimos. El propio Garnica lo aclara, al asegurar que su contribución al tema parte de las realidades de la América latina, un término -curiosamente- de origen francés (acuñado en 1861 por el publicista L. M. Tisserand).

¿Cuál es, entonces, nuestra identidad? Vuelvo a citar el discurso de Bolívar ante el Congreso de Angostura (1819): "No somos europeos, no somos Indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles". Vemos así que el debate empezó entre nosotros hace un siglo y tres cuartos. Verdad es que Bolívar abordaba cuestiones políticas (la creación de un Estado), pero también es verdad que no hay asunto político que pueda rehuir el marco cultural.

Acertó, sin embargo, al considerarnos "una especie media" entre los Antiguos pobladores y los colonizadores del XVI.

El realismo mágico

Más aun, la América latina es una tercera especie, salida del mestizaje Fundador y los posteriores entrecruzamientos. Desde hace tiempo, mucho tiempo, los aborígenes somos nosotros, los latinoamericanos, aunque a menudo lo olvidemos. Y nuestra identidad regional existe, sin duda, pero no hecho aislado, porque vivimos en un mundo global y globalizador, cada vez más interdependiente. Garnica, casi un autodidacta, había iniciado una aproximación al caso de las identidades en su primera etapa, cerrada en 1990, con su muestra "Dibujos de Buenos Aires". Aunque la propuesta plástica estaba supeditada entonces al análisis y ruptura de los elementos formales de la realización de la obra, Garnica, según él mismo lo entiende, llegó a esbozar una especie de "realismo mágico", al ampararse en su historia personal y en su relación con la ciudad donde nació. (El "realismo mágico" es, en literatura, una vertiente del "regionalismo" iberoamericano postulado para el arte por el uruguayo Pedro Figari entre 1915 y 1919.)

En estos "Dibujos de Buenos Aires", que parecen mezclar o yuxtaponer, en clave propia del artista, algunos códigos de la historieta con el estilo ingenuo de los antiguos cromos populares, Garnica pasa revista a los hábitos, mitos ,supersticiones y quimeras de ciertos sectores sociales urbanos ,en obras abigarradas y mordaces donde asomaba ya su intención surreal ,que ha de afianzarse en las etapas siguientes.

Hacia 1991, Garnica se lanza a desarticular el sistema compositivo desarrollado y a indagar en la obra de Joseph Beuys, el gran artista alemán y uno de los creadores del Arte Conceptual; asi como la de Xul Solar, el fundador de la Cultura de lo Surreal en America ,y Joaquin Torres García ,heraldo de la Cultura de lo Racional en nuestro continente , entre nosotros .

Todo esto ocurría en las vísperas de la controvertida celebración del quinto Centenario del Descubrimiento de América, y Garnica ,resuelto a ofrecer su testimonio , comenzó a trabajar en los Estudios Apócrifos.

Las láminas de América

Dibujos sobre cartón y papel, hechos a lápiz, tinta, carbón y pastel, las obras de esta serie citan la retórica de los medios gráficos (historietas de divulgación científica), de las enciclopedias y diccionarios por entregas (tan habituales hoy en los grandes diarios), y de las revistas especializadas en la popularización del conocimiento académico.

Garnica se apropia la lengua visual de estos transmisores y establece con ella, deformándola y reformándola, una suerte de historia natural autónoma, dispar (sino disparatada), de la Argentina. Pero estos dibujos de 1991-93 suponen, también, una libreta de apuntes cuyas hojas, separadas, son exhibidas en desorden, una alusión quizás irónica al orden de los fascículos que integran las enciclopedias y diccionarios difundidos por la prensa. Además, cada dibujo (cada hoja de la libreta) contiene cierto desorden particular, dado por la mezcla de imágenes y por la disposición de los breves textos que incluye.

El dominio del oficio y de las técnicas le permite oscilar entre la representación eficaz de animales y plantas, las variedades del dibujo infantil o de principiantes, el esbozo rápido, de los trazos mecánicos y aun el arabesco ornamental.

Garnica ha dicho que estas parodias de las "láminas didácticas" se basaron sobre evocaciones personales, sobre los recuerdos de "esa patria que es la infancia", porque "en mi relación con la tierra y la marginación suburbana creo haber encontrado la clave del objeto de mi producción artística.

Es que los Estudios apócrifos son obras de arte en sí mismas, y su contribución al debate sobre la identidad regional latinoamericana se constituye, pues, a través de los significados esotéricos que Garnica deriva de sus anotaciones científicas (manuscritas y dibujadas).

De ahí al imperio del signo no había sino un paso; y Garnica, incitado por sus afinidades con Xul Solar y su "obsesión por alegar sobre lo impresentable" (así denomina Lyotard a la función del arte de hoy, porque no nos toca, dice, ofrecer realidad sino inventar alusiones a lo concebible que no puede ser presentado), de ese paso con las obras que comienza a ejecutar en 1994 y expone el año siguiente.

Paisajes y escrituras

Se trata de pinturas (sobre tela) y dibujos (sobre papel), que nacen del mismo conceptualismo surreal que movilizó los Estudios apócrifos. Las pinturas, que forman una serie titulada Natural, son paisajes (abstractos). Devienen de visiones metafóricas sobre las noches americanas: noches de la adolescencia de Garnica, con sus lunas llenas, sus juegos y sus aproximaciones a la vida; noches, señala Garnica, "cargadas de la magia suficiente como para generar este discurso, porque fue en aquel 'instante' cuando se me reveló la vida y la búsqueda presente". Como todas las obras del artista, estas conservan una recóndita sustancia lúdica. En los paisajes de Natural, Garnica se vale del soporte como de una pantalla de computadora, a la que provee de datos surgidos de la memoria, sin excluir signos, símbolos ni vocablos de cualquier origen. Son, pues, paisajes del alma y remiten a la identidad cultural que escruta a Garnica. En cuanto a los dibujos, reunidos bajo el título de Escritura, intentan ser de lectura poético-visual y en ellos organiza el artista iconografía arcaicas y modernas provenientes de la rectificación de signos técnicos de la electricidad y la electrónica, así como de ideogramas indefinidos que actúan como interruptores/detonadores de ideas. En estas obras, Garnica intenta también los sellos artesanales que utiliza en sus realizaciones de arte postal.

Si ahondamos en la etimología de las palabras "estudios apócrifos" descubriremos una segunda acepción: studium, en latín, quiere decir "pasión", "desvelo"; y apokruphos, en griego, es "mantener algo en secreto". Las pinturas y los dibujos de Garnica serían así productos de su desvelo por hallar el secreto de nuestra identidad americana. Pasión de artista pero también de hombre, de hombre regional.

Del catálogo para la exposición homenaje por los 100 años del Museo Nacional de Bellas Artes; " 70-80-90".