Abismarse
En una plaza un niño se mece placenteramente en una hamaca. La escena es
tranquilizadora. Imprevistamente la criatura comienza a mecerse con velocidad,
lo placentero se convierte en otra cosa.
Las puertas automáticas de un tren subterráneo se cierran con violencia y
parte de nuestra humanidad queda atrapada a medio camino...
El abismo puede estar a poco de nosotros mismos, un universo de alegría como
imaginamos puede ser una plaza pública donde los niños juegan, puede tener su
lado oscuro; un viaje inesperado...
Con su cámara fotográfica Daniela Boo documentó como una corresponsal de
guerra lo que luego utilizó como bocetos para alimentar sus lienzos.
Percepciones ligadas a un “instante” existencial que universalizó al
ponerlas a consideración del prójimo.
Existe una rama de la psicología – la psicobiología – que intenta
alcanzarnos respuestas sobre los procesos creativos que movilizan la conciencia
oscura, motor de la creatividad, estudios cualitativos confrontados con
resultados de laboratorios, generan especulaciones diversas, que siempre dan una
relación de equilibrio – con sus variables- , entre psique y soma. Todo acto
creador parecería estar gobernado por una necesidad de reformulación de la
realidad, hasta de una sofisticada manera de venganza. El artista universaliza
su drama existencial al resignificar sus signos de angustia en producción estética.
Hay en la obra de Daniela Boo dos momentos bien diferenciados, uno, las plazas,
el otro, los trenes subterráneos, ambos de registro furtivo; muestra su gusto
por los espacios públicos: no-lugares. Ámbitos de tránsito y esparcimiento,
son, a la vez, zonas de diseños que la vida citadina nos tiene asignado para
vivir en sociedad (ser urbano). Daniela Boo indaga con su mirada de artista,
habita con distancia; objetiva. Se vale de estos registros sociales para
construir un relato plástico que denuncia una intemperie emocional por medio de
sólidas pinturas; la tradición pictórica está siempre presente en sus telas.
La pintura es desde el inicio de las vanguardias la proveedora básica de los
procedimientos poéticos y de intelectualización de los que se valen las artes
plásticas en su camino expresivo, aquí la artista aprovecha estas
posibilidades en su lógica discursiva. Las escenas bajo tierra son
expresionistas y reflejan la despersonalización de los viajantes (sujetos) por
medio de recursos gestuales, pinceladas dinámicas, manchas, dripping, etc. Las
que corresponden a los parques – recientes-, próximas a los modelos señaléticos,
son habitadas por “tipitos”, término utilizado por los ciberkids para
designar a los habitantes de sus computer-games.
Daniela Boo pinta sobre la vida en la ciudad, del vértigo al que está expuesto
el espíritu en estas condiciones de existencia, sobre los cuerpos que le dan
sentido y la definen; es la multitud condensada en signos, en stand by.